Texto y Fotografía: Yovanna Blanco

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Jerusalen

Testigo en primera persona de la confluencia de las comunidades judía, musulmana, armenia y cristiana, Jerusalén vive su particular encrucijada en el siglo XXI. Imagen y escenario de un conflicto entre pueblos difícil de resolver, la ciudad quiere desquitarse de la reputación de lugar inseguro que la persigue y convertirse en un destino turístico de referencia.

Jerusalen En la primera toma de contacto con la ciudad, el visitante siente que Jerusalén y sus autoridades han hecho un importante esfuerzo para mostrar que no hay peligro en sus calles. Pero el resultado es ambivalente. No hay amenazas visibles, pero tampoco pasan desapercibidos los grupos de veinteañeros armados, soldados del ejército israelí, que custodian mercados, entradas a la ciudad y a sitios de interés como el Muro de las Lamentaciones. La estampa, desconocida para el turista extranjero, termina por entenderse como una parte del paisaje y de la visita.

Aunque empaña parte del encanto, el bullicio de la ciudad, su patrimonio y su historia no se someten, sino que brillan más en esta inusual atmósfera. Porque Jerusalén forma parte de esa lista de lugares que todo el mundo debería visitar, con independencia de sus creencias, al menos una vez en la vida. En familia, con amigos o solo, lo importante es acudir a esta ciudad llena de contrastesJerusalen que sabe premiar al turista y descubrirle que la perspectiva del conflicto árabe-israelí que tenía en su lugar de origen se aleja mucho de la realidad que se vive en esa pequeña franja de territorio tan disputada.

La zona israelí de la ciudad, con sus hoteles y tiendas de lujo, se asemeja a cualquier capital europea. Nada que ver con la parte árabe, donde el sonido de la música popular se cuela en los múltiples puestos a pie de calle y pequeños comercios, de los que la mayoría de la población saca los recursos para poder subsistir en un entorno hostil. Pero el corazón, tanto del conflicto como de la visita turística, es la Ciudad Vieja, rodeada por una muralla de unos cuatro kilómetros y siete puertas. Crisol de culturas de forma casi rectangular y dividida en cuatro barrios (armenio, cristiano, judío y musulmán), la zona antigua de la Jerusalén guarda los tesoros mas venerados de las tres religiones monoteístas, lo que la ha convertido en lugar de peregrinación durante siglos. Y, precisamente por esta razón, también en un preciado tesoros que todas quieren para si.

Jerusalen Entre todas las vías de entrada a la ciudad, destaca la Puerta de Damasco, la mas grande y concurrida, ya que da cobijo a un mercado en que se vende de todo, desde dulces típicos hasta abayas (los abrigos largos en tonos generalmente oscuros que visten las mujeres musulmanas), y en el que se avistan turistas, mapa y cámara en mano, comiendo de pie en una esquina mientras admiran este espectáculo de gente y voces.

Una vez dentro de la Ciudad Vieja, prosiguen los contrastes. Por ejemplo, que mientras los barrios musulmán y cristiano son auténticos hervideros de idas y venidas de turistas y población local, el silencio y la ausencia de vida rigen la zona judía. Conocer los cuatro barrios y ver sus diferencias son asignatura obligada para el turista. No solo por los lugares de interés que encierra cada uno, sino porque permiten ver lo diferentes que son estas cuatro culturas vecinas, obligadas a coexistir pacíficamente.

En el barrio armenio, por ejemplo, destaca la Catedral de Santiago, una de las iglesias más hermosas de Jerusalén, así comoJerusalen las pequeñas tiendas de artesanía, con sus espejos, vasijas y azulejos pintados a mano. Siguiendo hacia el norte, en la Puerta de Jaffa, se encuentra la Ciudadela de David, desde donde se ven algunas de las mejores vistas de la ciudad. Un poco mas arriba, en el barrio cristiano, esta el Santo Sepulcro, donde se encontraba el Gólgota, según la Biblia.

En la actualidad, es una basílica que reúne en su interior los lugares donde murió, fue sepultado y resucito Jesucristo.

Custodiada por monjes católicos, ortodoxos griegos y armenios, es la meta para muchos turistas llegados a la ciudad, que incluso aguardan en el patio exterior para ver como un miembro de la familia Nuseibe abre y cierra la puerta de entrada a diario para preservar la paz entre las distintas facciones cristianas.

Jerusalen La Explanada de las Mezquitas, en la parte este de la ciudad, es el tercer lugar santo para los musulmanes tras La Meca y la Medina. El viernes por la mañana, cuando se acerca el rezo, decenas de hombres, jóvenes y abuelos con sus nietos, portando la alfombra que utilizan para arrodillarse, atraviesan la zona árabe de la ciudad para entrar al recinto, que ocupa casi una sexta parte de la Ciudad Vieja, por la Puerta de los Leones. Frontera de contención que cerca la explanada es el llamado Muro de las Lamentaciones, al que los judíos acuden el viernes al anochecer y el sábado para llorar la destrucción del templo sagrado. Hombres y mujeres, separados en distintas zonas y orando frente al muro con un hipnótico movimiento de cabeza hacia delante y atrás son otra imagen cargada de simbolismo que el viajero se lleva consigo a casa de una ciudad que no deja indiferente.

 

 

 

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